domingo, 26 de enero de 2020

MANEJO DE SEMILLEROS PARA HORTALIZAS


Manejo de semilleros

Desinfección: Anteriormente, la desinfección se realizaba empleando productos químicos como Dazomet, Bromuro de Metilo, Cloropicrina, Metilisotiocianato, Dicloropropano, etc., los cuales son efectivos para el control de hongos, nematodos y bacterias, pero estos productos están prohibidos o restringidos en muchos países por su alta toxicidad para los seres humanos y animales y por su efecto adverso al medio ambiente. Además, estos químicos se incorporados al suelo, pueden acarrear la eliminación de organismos benéficos que, de una u otra forma, coadyuvan a la nutrición de las plantas o a la regulación de las poblaciones de organismos perjudiciales. También pueden ocasionar resistencia en los fitopatógenos hacia productos químicos aplicados y acumulación en el suelo de sustancias tóxicas y de residuos perjudiciales de las plantas, con sus consecuencias sobre la salud de los consumidores.

Actualmente, el método más recomendado para desinfección de suelo es la solarización húmeda, método físico en el cual se utiliza la energía calórica irradiada por el sol. Para ello se cubre el suelo húmedo con coberturas plásticas, esto hace que su temperatura aumente hasta el punto que controle organismos patógenos como hongos, bacterias, nematodos, malezas e insectos. La humedad del sustrato tiene un papel importante, pues en las horas de menor temperatura (durante la noche) se condensa el agua evaporada en el día, lo que ocasiona un proceso de pasteurización continua durante todo el tiempo que dure el tratamiento. Estas fluctuaciones de temperatura entre el día y la noche rompen fácilmente el ciclo biológico de los fitopatógenos presentes en el sustrato. La cobertura plástica del suelo debe estar bien sellada para impedir el escape de agua. Para construir una cama para la solarización del suelo, se procede de la siguiente manera: una vez hecha la mezcla del sustrato (tierra, materia orgánica y arena) se realiza la nivelación del suelo y se construyen eras de 1.20 m de ancho con una altura máxima de 20 cm. Posteriormente se humedece el suelo a capacidad de campo y se cubre con plástico transparente de 6 mm de espesor, procurando que quede lo más sellado posible. El tratamiento debe durar, como mínimo, 40 días en zonas de clima frío y 20 días en zonas de clima cálido. Además de su efecto deletéreo sobre los hongos fitopatógenos, la solarización húmeda disminuye significativamente las poblaciones de malezas anuales y perennes indeseables en los cultivos. Las malezas se pueden reducir por muerte directa de las semillas debilitadas por el calentamiento del suelo o por muerte de las semillas germinadas en el suelo húmedo cubierto. Sin embargo, debe procurarse no cometer los siguientes errores:

§  No proporcionar la humedad suficiente al suelo para hacer efectiva la solarización, antes del proceso ni durante el mismo.
§  No cubrir adecuadamente el suelo para evitar la pérdida de humedad, lo que facilita la dispersión del calor y disminuye la efectividad del tratamiento de solarización.
§  Utilizar plástico en malas condiciones o cubrir la era con retazos; esta actividad hace que se pierda eficiencia en el proceso.
§  No remover ni airear la mezcla, una vez finalice el proceso de solarización.

Errores comunes en el manejo de semilleros

§  Inadecuada preparación de la mezcla del sustrato.
§  Deficiente tratamiento de desinfección (solarización).
§  Llenado desigual de bandejas.
§  Siembra de la semilla muy superficial o profunda, lo cual afecta la germinación. La profundidad de siembra de una semilla hortícola no debe ser más de dos veces su tamaño.
§  No resembrar a tiempo (en semilleros tradicionales).
§  Aplicación de riego en exceso o en forma deficiente.
§  No supervisar constantemente la sanidad de plántulas.
§  Baja fertilidad del sustrato utilizado.
§  No se reduce la aplicación de riego una semana antes del trasplante (endurecimiento) para disminuir el estrés a que son sometidas las plántulas, después de su trasplante en campo.

Desinfección de bandejas: Antes de llenar las bandejas se deben retirar los residuos de sustrato de la producción anterior, golpeándolas suavemente con la mano y lavándolas con agua a presión. Para prevenir el contagio de las plántulas por hongos y bacterias, se deben desinfectar las bandejas sumergiéndolas en una solución de hipoclorito de sodio o yodo agrícola a razón de 5 a 10 ml por litro de agua y agitándolas por unos 30 segundos.

Siembra: Se debe llenar con el sustrato el mayor número de bandejas al mismo tiempo, para evitar diferencias de humedad. Si el llenado es manual, las bandejas se colocan sobre una estructura para facilitar la labor del operario, luego se llenan con la mezcla de sustrato distribuyéndolo de manera uniforme en toda la bandeja. Golpee suavemente la bandeja contra una superficie dura, para que no queden cámaras de aire dentro de los alvéolos sino que, por el contrario, el sustrato se distribuya uniformemente por todas las cavidades, luego se pasa una regla de madera por encima a fin de retirar los excesos de sustrato. Para ubicar la semilla es necesario hacer en todo el centro del cono un orificio de 0.5 cm de diámetro y de 2 o 3 mm de profundidad, poniendo un marcador y ejerciendo una leve presión. Se coloca una semilla por sitio, se tapa con una capa fina del sustrato y se pasa una regla de madera para retirar los sobrantes. No es conveniente llenar bandejas con mucha anticipación a la siembra porque se compacta el sustrato por pérdida de humedad. Al momento de la siembra, todos los conos de las bandejas deben tener la misma uniformidad, tanto en la mezcla del sustrato como en los niveles de llenado y de fertilidad y en el contenido de humedad.

Coberturas: Una vez sembradas las semillas, se recomienda cubrir las bandejas con tela polisombra (30% de sombra). Las ventajas de la colocación de esta malla son las siguientes:

§  Protege las semillas del ataque de pájaros.
§  Amortigua el golpe causado por el agua de riego.
§  Protege las plantas del ataque de trozadores, al actuar como barrera física.
§  La malla permite un incremento de la temperatura del suelo, acelera la germinación de las plántulas y favorece la uniformidad en el semillero.

Riego: Las raíces de las hortalizas son muy superficiales en los primeros estados de crecimiento, por lo que el suministro de agua debe ser continuo para conseguir un óptimo desarrollo de las plántulas. Posterior a la siembra, deben regarse en la mañana y en la tarde si es necesario, para evitar deficiencias de humedad en el sustrato que afecten la germinación de las semillas, ya que una semilla recién embebida requiere humedad continua para su proceso de germinación. En regiones muy cálidas se hace necesario regar dos y hasta tres veces al día, de acuerdo con el tipo de suelo o sustrato, tipo de semillero, la especie sembrada y las condiciones climáticas presentes. El exceso de humedad en los semilleros puede favorecer el ataque de hongos del suelo que producen el llamado mal de salcocho o damping-off. En zonas de alta precipitación, se recomienda la construcción bajo coberturas plásticas (invernadero o túneles de plástico), de tal manera que se pueda controlar el exceso de humedad. No obstante, exista o no alta precipitación, lo recomendable es tener los semilleros bajo condiciones protegidas. El riego que se les realiza a los semilleros debe hacerse en forma suave para evitar el daño a las plantas con la presión del agua, lo más recomendable es utilizar una poma que simule gotas suaves como en forma de lluvia.

Fertilización: En el caso de utilizar sustratos inertes como turba, fibra de coco o cascarilla de arroz se requiere un plan de fertilización tanto edáfica como foliar mediante fertirriego. En el sistema de producción de plántulas en confinamiento, para corregir deficiencias nutricionales, se recomienda diluir en agua un fertilizante completo tipo 10-30-10 o 15-15-15 en dosis de 10 gramos por litro de agua, y aplicarlo al semillero tratando de humedecer el suelo, preferiblemente en horas de la tarde. La deficiencia más común es la de fósforo, cuyos síntomas son plantas enanas, con raíces escasas y hojas de color púrpura. Para contrarrestar dicha deficiencia se aconseja la aplicación de un fertilizante soluble rico en fósforo, como es el caso de fosfato diamonio, en dosis de 40 gramos disueltos en ocho litros de agua, cantidad suficiente para humedecer un metro cuadrado de semillero. Cuando se presentan plantas enanas acompañadas con amarillamiento de las hojas, se debe a deficiencia de nitrógeno, lo cual se corrige con la aplicación de nitrato de potasio en dosis de 30 g en 10 litros de agua, o urea en dosis de 50 g por 10 litros de agua por metro cuadrado.

Endurecimiento de las plantas: Consiste en disminuir la aplicación del agua de riego máximo, una semana antes del traslado de las plántulas a campo. Esta práctica es de gran importancia en el semillero y se hace con la finalidad de controlar el crecimiento de las plántulas, endurecer los tejidos y facilitar su adaptación a las condiciones de estrés en el campo. Así mismo, se logra que las raíces inicien una exploración más acelerada en busca de agua y de esta forma se consigue que se desarrollen más rápidamente. Cuando las plántulas han crecido en condiciones muy favorables de humedad, sus tejidos son muy acuosos y débiles; con la disminución del riego antes del trasplante se busca endurecer los tejidos para que sean más resistentes bajo condiciones de campo. Cuando las plantas han sufrido deficiencia de humedad se presenta un endurecimiento de los tejidos, y los tallos se observan gruesos y leñosos. Se recomienda, antes del trasplante, aplicar a las plantas una solución iniciadora rica en fósforo. Se utiliza como base fosfato de amonio en dosis de 6 gramos por litro de agua, se aplican de 4 a 6 litros por metro cuadrado, 3 o 4 días antes del trasplante.

Germinación: Se requieren entre seis y ocho días en promedio para que las semillas germinen plenamente. Fuera de la buena calidad de la semilla, la velocidad de germinación está influenciada por la temperatura óptima y la humedad del suelo, el cual debe estar a capacidad de campo. En tomate, la temperatura óptima para la germinación está entre 16 y 28º C; temperaturas menores de 10º C y superiores a 35º C inhiben la germinación, a 15º C se presenta una germinación del 75% y a 35º C germina un 70% de la semilla. Respecto al porcentaje de germinación de las semillas, es importante tener en cuenta su longevidad, la cual depende de las condiciones de conservación que se les proporcionen. Los factores que inhiben la germinación son:

Factores endógenos
Madurez de la semilla.
Estados de latencia.
Presencia de hormonas inhibidoras.
Humedad de la semilla.
Testas impermeables o duras.

Factores exógenos
Temperatura.
Humedad.
Luz.

SUSTRATOS PARA SEMILLEROS DE HORTALIZAS


SUSTRATOS

Los semilleros se pueden hacer con suelo, con sustratos orgánicos, con sustratos artificiales o con una mezcla apropiada de éstos. Siempre se debe lograr un sustrato con características físicas, químicas y biológicas propicias, que faciliten la germinación. Cuando el suelo para la producción de plántulas presenta condiciones impropias, como deficiencias de nutrientes, mal drenaje, poca retención de humedad, textura poco favorable para el desarrollo y funcionamiento de las raíces o presencia de plagas o enfermedades, es frecuente reemplazarlo por sustratos de origen diverso, que en alguna o en todas las fases de un cultivo permiten superar condiciones limitantes y acercar el sistema radicular de la planta completa a una situación óptima para satisfacer sus requerimientos hídricos y nutricionales.

Los sustratos pueden estar compuestos por elementos naturales o modificados por reacciones físicas y químicas, ser totalmente inertes o tener actividad química. La posibilidad de aprovechar como sustrato hortícola la diversidad de materiales disponibles en nuestro entorno está supeditada a un buen conocimiento de sus propiedades, ya que a partir de éste es posible saber el tipo de preparación que se requiere previo a su uso, sus aplicaciones y las técnicas de manejo pertinentes.
Es necesario tener en cuenta el contenido de nutrientes y algunas características químicas del suelo o sustrato que puedan afectar el buen desarrollo de las plántulas, por lo que el análisis físico-químico es una herramienta valiosa para conocer su composición.



Características de los sustratos

No hay un sustrato ideal que cubra absolutamente las exigencias de las plántulas, pero se pueden diseñar mezclas artificiales que incluyan materiales abundantes de bajo costo, fácil consecución y buena calidad. Para lograrlo se deben considerar varios aspectos:

§  La disponibilidad del material en el mercado.
§  La posibilidad de manipularlo y de mantener características adecuadas al humedecerse.
§  Su precio y el de la preparación.
§  Su descomposición a lo largo del tiempo y la posibilidad de reutilización (en cultivos).
§  Las características físicas: el tamaño de partículas, la porosidad y la retención de humedad.
§  Las características químicas: el pH, la capacidad de intercambio de cationes, la salinidad, la relación carbono/nitrógeno y el contenido de nutrientes.
§  Que esté libre de enfermedades, insectos y malezas.
§  Que tenga baja densidad aparente, es decir, que sea un material liviano con alto porcentaje de espacio poroso (>80%) y un volumen de aire a capacidad de campo mayor al 20%.
§  Que mantenga un volumen de agua fácilmente disponible mayor a 20%.
§  Que tenga un buen drenaje y capacidad de infiltración.
§  Que tenga buena cohesión entre partículas.
§  Que no tenga tendencia a la compactación.
§  Que alcance buen estado nutricional tanto de microelementos como de elementos mayores y tenga una acidez óptima.
§  En caso de su utilización en mezcla, que sea(n) fáciles de mezclar.
§  Que resista los cambios del ambiente, tanto físicos como químicos.

En semilleros que no utilizan sustratos artificiales para mejorar las condiciones físicas del suelo, especialmente la porosidad, se recomienda hacer una mezcla orgánica, cuya proporción dependerá de las características del terreno y de su nivel de fertilidad. En general, se recomienda la mezcla con 4:2:1: cuatro partes de tierra, dos partes de materia orgánica y una parte de arena. Esta mezcla puede utilizarse tanto para semilleros a campo abierto a ras de piso, como para la producción de plántulas en confinamiento. Además para favorecer un adecuado desarrollo de raíces, se recomienda la aplicación de un fertilizante rico en fósforo tipo roca fosfórica o superfosfato triple, el cual debe incorporarse homogéneamente a la mezcla antes de iniciar el proceso de desinfección del suelo, por el método de la solarización; de esta manera, se garantiza un adecuado nivel de fertilidad durante el proceso de enraizamiento.

Sustratos más utilizados

Compost: Son residuos orgánicos de estructura fina y descompuesta. Se usan excrementos animales, residuos de plantas, etc. Físicamente aumentan la aireación y el contenido de humedad y, químicamente, absorben los nutrientes evitando su lavado (nitrógeno y potasio) y liberando lentamente la solución en forma de nutrientes. El compost debe contener entre 35 y 50% de materia orgánica con relación al peso volumétrico, se emplea en mezcla con sustratos inactivos o inorgánicos como la turba, la perlita, la fibra de coco o la cascarilla de arroz.

El compost adicionado a la turba proporciona mayor aireación y reduce la retención de agua de la misma. Además, se ha comprobado que tiene efectos supresores a través de los organismos antagonistas que se desarrollan en él. Las altas temperaturas que se alcanzan durante el proceso del compostaje eliminan la mayor parte de las malas hierbas y microorganismos dañinos.
En el caso de la utilización de un compost como sustrato se puede utilizar como base la siguiente mezcla:

Compost                   68.00%
Gallinaza                   14.00%
Arena                        17.53%
Cal dolomítica            0.09%
Roca fosfórica            0.19%
Superfosfato triple      0.19%
Total                       100.00%

Humus: Resulta de los excrementos de lombrices (Eisenia foetida), después de digerir residuos vegetales o excrementos animales fermentados, luego se seca y se pasa a través de un tamiz para obtener una buena textura. Sirve de fertilizante y reemplaza el compost, además ofrece muy buenas características químicas

Cascarilla de arroz: Sustrato orgánico de baja descomposición por su alto contenido de sílice que, además, aumenta la tolerancia de las plantas contra insectos y organismos patógenos. Se debe usar en mezcla y hasta en un 30%, favorece el buen drenaje y la aireación, presenta baja retención de la humedad y baja capilaridad. Para evitar el “enmalezamiento” del semillero, es necesario humedecer previamente la cascarilla para hacer germinar las semillas de arroz y otras plantas que siempre contiene; además, se requiere realizar pruebas previas de germinación de semillas para verificar que no haya presencia de residuos de herbicidas en ella.

Fibra de coco: Su contenido de nitrógeno es bajo y alto el de potasio; contiene cerca de 2 ppm de boro y debe llevarse hasta 0,2 ppm para utilizarlo en hortalizas, que son muy sensibles al exceso de boro. Adecuándolo, es una buena alternativa para países como el nuestro, donde abunda esta planta (especialmente en la Costa Atlántica) y por los altos costos de otros sustratos importados como la turba.

Aserrín: Tiene un pH ácido y puede ser tóxico para algunas plantas según el tipo de árbol del cual provenga; por lo tanto, debe probarse antes de usarlo en cada especie hortícola.

Turba: Las turbas son los sustratos orgánicos naturales de uso más general en horticultura. Es el resultado de la descomposición completa de árboles (especialmente del género Sphagnum) y se produce en países de las zonas templadas como Canadá, Alemania, Finlandia, Suiza, Irlanda, Rusia, etc.) Se encuentran dos tipos de turbas: las poco descompuestas, que son materiales de reacción ácida, pobres en minerales por estar muy lavados, debido a su origen de zonas altas de precipitaciones abundantes, y que conservan parcialmente su estructura y un buen equilibrio entre agua y aire después del riego.  Otras, muy descompuestas, llamadas turbas negras, sin estructura, son con frecuencia muy salinas y presentan menor aireación que las anteriores. Son apropiadas para mezclas con materiales que mejoren sus propiedades deficientes porque no aportan nutrientes, tienen alta capacidad de intercambio de cationes y de retención de humedad y un alto grado de porosidad. Son ácidas (pH entre 3.5 y 4.5), aunque en el mercado se encuentran turbas con pH corregido (5.5 – 6.5) y un contenido de materia orgánica de 95%.